En la vida todo son decisiones. Tu vida es ahora tal cual como decidiste que fuera, la has ido construyendo tú según las decisiones que fuiste tomando. Discernir entre lo que es bueno para ti o no lo es, es cuestión de aprender a sentirte. Aprender a sentir como te sientes según las decisiones que vas tomando.

Si decides algo que te hace sentirte bien, pletórico y alegre, esa será una buena decisión. Sin embargo si tomas una decisión a pesar tuyo y te sientes mal y aún así sigues adelante, te aseguro que el destino elegido no será el que tiene que ser para ti. No será tu destino de verdad.

Ya está bien de perder el tiempo, de dejarte arrastrar por lo que piensan y dicen los demás. De dejarte llevar de un lado a otro, porque en realidad no sabes hacia donde avanzar y muchas veces ante esa incertidumbre, ante esa duda, descubres (demasiado tarde quizá) que en lugar de avanzar y evolucionar, involucionaste y ahora quizá te encuentras en un lugar en el que no te gusta estar.

Realmente avanzaremos, ascenderemos e iremos hacia adelante cuando aprendamos a poner límites a todo aquello que nos daña. A veces, poner límites y decidir avanzar incluye períodos de soledad, puesto que muchos ni querrán seguirte. Muchos no quieren ni están dispuestos a pasar por algunas cosas imprescindibles para evolucionar. El ser fiel a ti mismo. El hacer caso siempre de tu verdad. El discernir si algo te daña y si lo ves claramente, ser capaz de parar. Ser capaz de alejarte de personas que te jalean hacia abajo, que se aferran a ti y que además te convencen de que ése es el lugar donde te corresponde ser y estar. Veo día a día todo esto.

Veo día a día personas que dicen que quieren evolucionar y avanzar, sin embargo no son responsables de si mismos. No quieren abrir los ojos y ver la verdad. Siguen escondiendo la cabeza en el suelo, como los avestruces. Se aferran a todo lo que pueden con tal de no dar un gran paso y cambiar. Huyen y se desconectan de sí mismos, con excusas, con justificaciones absurdas que les tapan los ojos a su verdad. Porque la verdad a veces, duele. Porque no es agradable darte cuenta de como te dejas llevar de un lado a otro sin ser dueño de tu vida, sin querer darte cuenta de que así no es posible ascender, ni avanzar.

Cuando has descubierto parte de quien eres y cuando has tenido atisbos de quien eres en realidad, ya no puedes entretenerte y seguir haciéndote el tonto. No es posible cerrar los ojos y no querer ver.

No es posible renunciar a quien eres, cuando ya sabes quien eres y lo que viniste a SER.

Por lo tanto, a veces hay que tomar decisiones duras para poder seguir avanzando y para no dejarnos arrastrar más. Al principio es duro. Sin embargo, en breve te das cuenta de que fue la decisión correcta, acertada. Sentiste que era tu verdad. A veces es necesario dejar apegos por el camino, energías que no nos ayudan en nuestro avance. Quizá personas a las que amamos, sin embargo no nos siguen ni son fieles a ellos mismos. Ser autentico una labor grande. Ser coherente requiere plena atención. Ser fiel y leal a ti mismo requiere de mucho amor, requiere de mucho respeto, requiere de mucha atención a uno mismo. Requiere el tratarte como una prioridad. Requiere el saberte valioso y proporcionarte lo mejor en la vida. Lo mejor de lo mejor. Porque lo vales, porque lo mereces.

Dejarás de retroceder e ir hacia atrás, cuando lo decidas y cuando decidas dejar atrás todos esos apegos y todas esas cargas y responsabilidades que no son tuyas. Cuando decidas amarte mucho y quererte tanto, lo suficiente como para respetarte al máximo y no dejar que nadie te arrastre hacia donde no quieres estar.

Montserrat Fernández Romera