Creo que lo más maravilloso que a una persona le puede suceder es conocerse a sí mismo, saber quien es y descubrir cual es su propósito. El verdadero propósito del alma.

Cuántos se van de este mundo habiendo sufrido muchísimo, habiendo “luchado” hasta desgañitarse, habiéndose arrastrado para conseguir únicamente quizá, lo más básico en su vida. Sin embargo,han pasado la vida como alma en pena, haciendo y haciendo, creyendo que lo importante es conseguir un estatus, mantenerse y nada más.

Me encuentro día a día en mi consulta, gente vacía, personas huecas, que se pierden entre las creencias de unos y de otros sin haber prestado atención a su verdad, a la voz de su alma, a su voz interior.

Mi  máxima intención es la de llegar a cuántas más personas, hacerlas cuestionar, hacerlas reflexionar, despertarlas, activarlas, conectarlas con su verdadera esencia y frecuencia. Para que no se vayan de este mundo sin saber quien son, qué han venido a ser y a hacer. Pues habiendo ahora todo lo que sé, habiendo experimentado todo cuanto he experimentado, me encantaría poder ayudarlas, guiarlas, conducirlas hacia ese gran descubrimiento que todos debemos hacer. Y aunque cada uno está en el lugar que le corresponde, sí es cierto que si eres alma inquieta, no puedes parar mucho tiempo en el mismo sitio. El alma está ávida de saber, de aprender, de encontrar.

Hace poco leí que en definitiva, la vida, de lo que se trata es de ir avanzando y fluyendo con el camino que te irá llevando a tu llama gemela. Al encuentro de esa parte de ti que fue separada y que está destinada a encontrarte. Verdaderamente, yo también creo que es así. Y aunque soy de la opinión de que somos unidad, de que somos seres ya completos en su totalidad, si que voy viendo, cuando echo un poco la vista atrás para ver el recorrido de mi largo camino, que verdaderamente es como si nos fuéramos preparando para ese gran encuentro, con no cabe duda, una parte importante de nosotros mismos. Esa llama gemela que se complementa con nosotros. No por faltarnos nada, ni tampoco a ella, sino por ese encuentro necesario que se da entre almas, entre seres que han hecho su trabajo interior, que han vivido cada uno por su lado, han tenido las experiencias necesarias, las vivencias que debían experimentar para como resultado de todo ese aprendizaje, encontrar a esa alma tan conocida, esa parte masculina de una misma o esa parte femenina de uno mismo.

Sin embargo, el ser no siempre encontrará en esta vida a su llama gemela, aunque a estas alturas evolutivas de las que hablamos, ya hay muchos, muchos trabajadores de la luz encontrando a su llama gemela, tan deseada. Que cuando sabes quien eres y además la encuentras, te aseguro que no existe mayor felicidad en la vida. Ya es un estado de felicidad permanente y constante. Y así tendría que ser siempre. Dado que la felicidad del ser es lo más inmenso que existe.

Otra de las cosas maravillosas que suceden al saber quien eres, es que te sales de la rueda de hámster, del Excel en el que se coloca todos los que no saben a donde se dirigen. Cuando no sabes quien eres vives continuamente karma y repitiendo lecciones, seguramente. Perfeccionando quizá. Pero en verdad, lo que sucede es que como no sabes quien eres y no sabes hacia donde dirigirte, es más fácil seguir creando las mismas circunstancias y situaciones y vivencias a resolver, porque en ello está lo «conocido».

Eres tú, con todo tu coraje, valentía y determinación quien pone el freno y dice basta, quien decide parar, quien decide cerrar ese grifo abierto del karma. Quien dice y cerveza que se acabó. Que finalizó. Que terminó.

A partir de ahora, solo quiero vivir dharma. Destino.

Y cuando decides esto, cuando eliges vivir dharma, por vibración y por ley de atracción, dado que es una orden que acatan todas tus células, el universo entero capta esa orden y va llegando a ti lo que te corresponde y necesitas para que vivas al cien por cien ese verdadero propósito que traes impregnado en tu ser y que está deseoso de ser liberado y vivido, plasmado y experimentado en esta vida.

Cuando sucede esto, recuperas tu libertad. O mejor dicho “encuentras” tu libertad, dado que es una libertad desconocida hasta ahora para ti. La sensación de no pertenecer a nadie ni a nada, más que a ti mismo, al universo y que tu cometido aquí en la tierra es tan único y especial tan grande y maravilloso como cualquier otro, pero que desde la vibración que te da el saber y el ser, desprendes otra calidad energética, desprendes un registro diferente, un tono único, el tuyo, por fin hallado y encontrado. Es como cuando te falta una pieza de tu puzzle y no la tienes. Cuando la encuentras y la colocas en su lugar, ya tienes tu obra completada. Ya eres tú al completo.

Puede ser que seas un alma vieja, un alma joven, un alma antiquísima y sabia, un alma sin experiencia pero con mucha conciencia, un alma intermedia, sin embargo todas estas tipologías de almas tienen un origen. Un inicio. Un principio en el principio. Ahí es donde queremos llegar. A la iluminación de nosotros mismos. Al origen de nuestro origen para descubrir quien éramos, quien fuimos y quien somos en realidad. ¿Y como se puede averiguar esto? ¿Cómo hallar esas respuestas?

Sin duda alguna, cuando vives en la verdad, o al menos creyendo tu verdad, dejándote guiar por tu instinto, por tu intuición, por tu corazón, cuando vives desde tu integridad, tarde o temprano se te revelará tu identidad.

Solo hay que preguntar. Solo hay que meditar. Solo hay que preguntarte a ti mismo quien eres y la respuesta aparecerá.

Montserrat Fernández Romera